Cuando una relación sentimental , y si se emprende una nueva, ¿podemos implementar nuevas y mejores dinámicas de relación para tener más éxito con el nuevo socio? ¿Qué revela un estudio reciente sobre esto?

Anuncio Cuando una relación sentimental y si se emprende una nueva, a menudo la intención es poner en marcha nuevas y mejores dinámicas de relación para tener más éxito con la nueva pareja. Sin embargo, un reciente estudio alemán reveló que este buen propósito está muy lejos de la realidad de los hechos: en general, tendemos a volver a proponer, con el tiempo, los mismos patrones relacionales originales, ya que son parte de nosotros y de nuestra forma de entrar en relación entre sí.





El estudio examinó la vida de relación de 554 personas, teniendo en cuenta cierta información sobre el comienzo y el final de una primera relación romántica y el primer y segundo año de una nueva relación. En particular, la dinámica relacional típica de los participantes se controló mediante el seguimiento de siete factores relacionales: satisfacción con vida sexual ; satisfacción de la relación general; frecuencia de las relaciones sexuales; nivel de comunicación abierta entre socios; frecuencia de agradecimientos dirigidos al socio; frecuencia de conflictos y confianza en la solidez de la relación.

El estudio muestra cómo, en general, para cada participante, estos factores se mantuvieron sin cambios en la primera y segunda relación, a excepción de la frecuencia sexual y el aprecio hacia la pareja que parece tender a aumentar en la segunda relación.



Anuncio Por tanto, este estudio parecería resaltar la tendencia a repetir los mismos patrones relacionales en las historias de amor, como esquemas mentales implícitos e inflexibles.

Sin embargo, los dos únicos factores cambiantes (frecuencia sexual y apreciación) entre las dos relaciones podrían explicarse desde la perspectiva del curso clásico de una relación sentimental, marcada por ciertas fases. De hecho, la primera fase de una relación, conocida como la fase de 'luna de miel', se caracterizaría por una excitación extrema y una intensa implicación física y emocional para el inicio de una nueva experiencia. Esto no permitiría tener una visión global y real del nuevo socio que así sería idealizado. Por otro lado, en cuanto esta fase llegara a su fin, la pareja sería vista de manera realista, con sus fortalezas y debilidades, y la relación comenzaría a materializarse en las responsabilidades de la vida diaria.

Este sería el momento en que reaparecerían los viejos patrones relacionales. Si bien esto, por un lado, da continuidad a nuestra forma de estar con el otro, por otro lado puede resultar disfuncional cuando nos damos cuenta de la disfuncionalidad de estos esquemas y no hacemos nada para modificarlos.