El evento oncológico involucra numerosos aspectos de la vida de una persona, desde el momento del diagnóstico hasta los seguimientos posteriores, y existen numerosas repercusiones psicológicas sobre el paciente oncológico y su familia.

Anuncio Asistimos a la creciente capacidad de hoy cronización de enfermedades mortal gracias a las innovaciones farmacológico que permiten al paciente vivir con la enfermedad durante muchos años (Taylor, 2014) y el concepto de 'calidad de vida' asume un valor creciente. Cada vez es más importante conocer e identificar el impacto y las repercusiones emocionales de la enfermedad para asegurar el apoyo psicológico y un espacio de contención emocional para el paciente. oncológico y a los familiares (Moreno-Smith et al., 2010; Lim et al., 2013), en un marco de comunicación eficaz entre el trabajador de salud y el paciente (Stamataki et al., 2015).





El evento oncológico involucra numerosos aspectos de la vida de una persona, desde el momento del diagnóstico hasta los seguimientos posteriores, y existen numerosas repercusiones psicológicas en el paciente oncológico y su familia.

En un estudio longitudinal (Williams et al., 2016) se investigó el impacto del diagnóstico de cáncer sobre el aspecto psicológico del paciente, dividiendo la muestra en tres categorías: dos años antes del diagnóstico, dos años antes del diagnóstico y posteriores. cuatro. La investigación consideró variables como la calidad de vida, las dificultades diarias, ansia y el depresión . Como puede imaginar, el impacto del diagnóstico resultó en un mayor deterioro en la salud percibida, mayores dificultades diarias reportadas y puntuaciones de ansiedad y depresión considerablemente más altas que el grupo de control.



La piedra angular del estudio consiste en haber demostrado que estos puntajes no regresan, aunque disminuyen con el tiempo, a niveles previos al diagnóstico, manteniéndose significativamente más bajos que en sujetos sanos; sugiriendo que la patología impacta en el funcionamiento psicofísico a largo plazo y confirmando la importancia del apoyo psicológico para acompañar al paciente durante todo el evento de la enfermedad en sus fases y en el seguimiento.

En un estudio de 2014 (Nikbakhsh et al.), Se examinó una muestra de 150 sujetos con cáncer y se encontró que el 40% mostraba niveles subclínicos de depresión, mientras que el 32% alcanzó puntuaciones indicativas de depresión clínica. En cuanto al porcentaje de ansiedad, las puntuaciones subclínicas y clínicas relacionadas investigadas con la HADS (Hospital Depression Anxiety Scale) fueron, respectivamente, 44% y 22%.

Mientras que en un estudio de 2012 (Linden et al.) Que involucró a 10.153 pacientes con cáncer, también se informó un porcentaje de depresión y ansiedad subclínica del 17% y 23% respectivamente, alcanzando niveles clínicos en el 13% y el 19% de los casos. Por tanto, podemos afirmar que



Se recomienda la detección continua de ansiedad y depresión como un enfoque necesario para una buena atención del cáncer; Por otro lado, después del diagnóstico de un trastorno psicológico clínicamente importante, se deben realizar las intervenciones de tratamiento adecuadas para mejorar la calidad de vida.(Nikbakhsh et al., 2014).

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Estos datos parecen estar confirmados también en estudios cualitativos, por ejemplo a través de una entrevista hermenéutica (Stamataki et al., 2015) se han investigado cuatro áreas: área emocional , efectos sobre las relaciones, efectos funcionales y sistema de salud en pacientes con melanoma. Algunas cuestiones que surgieron son la incertidumbre sobre el futuro y el sentimiento de desamparo, probablemente derivado de percibirse a uno mismo solo pasivo en el manejo de la enfermedad y no proactivo en la curación; L ' imagen corporal alterado, dado por el resultado cicatricial de la extirpación quirúrgica del melanoma, que contribuiría a comprometer la percepción de la integridad física y estética. Hubo repercusiones en las relaciones familiares, el deseo de no sobrecargar a la familia, mantener la autonomía funcional y proteger a los familiares de los miedos relacionados con la enfermedad y los sentimientos negativos. Se han reportado muchos problemas funcionales como dolor, fatiga y agotamiento que afectan la realización del trabajo, los pasatiempos, las actividades diarias y la participación en las relaciones sociales. El sentimiento de reorganización de la vida en torno al síntoma se ha informado como muy frecuente.

En resumen, está claro que el evento oncológico implica una sucesión de emociones que afectan al propio sujeto, familiares, amigos y profesionales de la salud, generando una influencia mutua que afecta tanto al paciente como al entorno cercano.

¿Existen etapas en el procesamiento de la enfermedad oncológica?

Una importante contribución al campo psico-oncológico está representada por el trabajo pionero de Elizabeth Kluber-Ross (1969), la autora de hecho ha descrito las cinco etapas que atraviesa el paciente en la enfermedad terminal. Las cinco fases reportadas representan claramente las reacciones del paciente a la enfermedad y constituyen un punto fundamental en la realidad clínica ya que, aunque no sea evidente que se suceden en un orden específico, permiten identificar las necesidades subyacentes del paciente y favorecer una adecuada apoyo e intervención cuando sea necesario y apropiado. Las fases informadas por el autor son:

1) Negación: esta fase es frecuente en el momento del diagnóstico y representa un mecanismo de defensa mediante el cual las personas intentan protegerse de los efectos de una enfermedad. La persona puede comportarse como si la patología no fuera grave o, en los casos más extremos, como si no hubiera ocurrido; de hecho, el paciente puede negar que tiene una enfermedad a pesar de los resultados del diagnóstico. La negación representa una fase normal a través de la cual el sujeto inicialmente se distancia de la posible perspectiva de su propia muerte sin embargo, si persiste y se endurece, puede requerir una intervención psicológica.

2) La ira : esta es la segunda reacción que puede tener el paciente ante la perspectiva de su propia muerte. La ira se puede expresar directamente hacia las personas que lo rodean, como el personal de atención médica, la familia y los amigos, estando en salud, por ejemplo, o expresando indirectamente amargura. Con frecuencia se puede ser irónico que muchas cosas ya no se puedan hacer, sobre el deterioro físico o hacer bromas agudas sobre el tema de la muerte. No es raro que el paciente se pregunte por qué le sucedió y experimente envidia de las personas que están sanas o que se han curado de enfermedades. La ira puede dirigirse a los miembros de la familia y es importante que el médico normalice y contextualice estas emociones.

3) La negociación: el paciente puede abandonar el enfado en favor de la negociación, o la creencia de que si realizará actos moralmente justo y ético tendrá salud a cambio. Eventos como obsequios caritativos o comportamientos inusualmente agradables pueden ser un indicio de esta fase, por lo que hay una negociación entre buen comportamiento a cambio de buena salud.

4) Depresión: En esta fase el paciente reconoce que es poco lo que puede hacer para mantener la enfermedad bajo control. Este descubrimiento coincide con una fuerte caída del estado de ánimo, empeoramiento de los síntomas, aumento del cansancio, fatiga y dolor. Es difícil distinguir entre los síntomas que resultan de la depresión y los que resultan del tratamiento farmacológico o de la enfermedad, por lo que es importante tener una distinción clínica adecuada entre los dos. Kluber-Ross (1969) identifica esta fase como la fase de 'duelo anticipatorio', donde los pacientes 'lloran' ante la perspectiva de su muerte, anticipan la pérdida de relaciones y actividades futuras.

5) El aceptación : última fase de las etapas informadas por Kluber-Ross, representa una conciencia global de la propia muerte, donde el paciente puede estar demasiado cansado para enojarse y demasiado acostumbrado a la enfermedad como para deprimirse.

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La aceptación no es necesariamente pacífica e incluye un estado de calma, pero algunos pacientes usan este tiempo para hacer preparativos, decidir cómo dividir sus posesiones y cómo pasar el tiempo restante con los miembros de la familia.

La enfermedad oncológica puede ser considerada una enfermedad sistémica, involucrando al propio paciente, a la familia y a la red social en la que se inserta.

Anuncio Las reacciones e influencias mutuas que pueden ocurrir dentro del familia son muchos: por ejemplo, con la progresión de la enfermedad y el consecuente deterioro físico y psicológico, el paciente decide alejarse de las interacciones familiares y sociales (Taylor, 2014); puede suceder que el paciente opte por no hablar de la enfermedad con familiares y amigos para no agobiarlos (Stamataki, 2015). A su vez, la familia puede sufrir una reorganización de roles según el paciente, con repercusiones en el trabajo u otras relaciones familiares.

En una revisión de 2010 (Stenberg et al.) En una muestra de casi 20.000 cuidadores familiares, los principales problemas informados por éstos fueron: depresión, fatiga, ansiedad, incertidumbre, miedo, dificultad para dormir, pérdida de peso y apetito.

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Como sugieren los autores, la enfermedad de una persona trastoca los roles familiares, que pueden volverse sobreprotectores y fijar altos estándares en la atención al paciente, asumiendo un alto grado de responsabilidad hacia él; si el trabajo no es flexible, pueden tomarse días libres o enfermos, reorganizándose según el paciente. Identificar a los 'asistentes' familiares que se encuentran en dificultades e integrarlos en la ruta del apoyo psicológico oncológico representa un punto fundamental en la atención integral del paciente, ya que el apoyo a los familiares es de gran importancia para el paciente y para una ruta de tratamiento más efectiva eficiente y menos doloroso.

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A pesar de la evidencia de apoyo social para reducirlo estrés y en el aumento del bienestar psicológico percibido (Kiecolt-Glaser et al., 2002), el porcentaje de pacientes oncológicos que buscan apoyo psicológico es bajo y existe un gran número de profesionales de la salud que subestiman las dificultades emocionales reportadas por este target. Se examinó el porcentaje de pacientes con cáncer que buscaron apoyo (Merckaert et al., 2009): de 381 pacientes, solo el 25% de las mujeres expresaron un deseo de apoyo psicológico, mientras que los altos niveles de ansiedad y depresión fueron experimentados por el 70% de la muestra femenina; en cuanto a la muestra masculina, el 10% buscó ayuda de un porcentaje del 50% que informó puntuaciones significativas de ansiedad y depresión. La mayor demanda por parte de las mujeres se explica por su tendencia a adoptar un afrontamiento más activo, orientado a buscar apoyo. Según los autores, el bajo porcentaje de pacientes que solicitan ayuda puede explicarse por la subestimación de los beneficios derivados del apoyo psicológico y por considerar la ansiedad y la depresión como consecuencias normales del impacto del cáncer y del tratamiento.

Al respecto, Butow et al. (2002) examinaron los patrones de respuesta de los médicos y la información solicitada en el servicio de oncología y se informó que los médicos responden más a solicitudes de información sobre pronóstico, tratamiento, etc., que a solicitudes de Soporte emocional. Por otro lado, los pacientes son más propensos a solicitar información médica, ya que perciben a los médicos y operadores como 'ocupados' y no consideran apropiado involucrarlos en sus miedos y ansiedades. Como informan los autores

Si los médicos no reconocen y reconocen las señales del paciente para el apoyo emocional, los pacientes no se animarán a buscar ese apoyo durante la consulta.

Por tanto, se puede argumentar que dar información personalizada sobre la persona con sensibilidad, involucrar al paciente en el tratamiento y las decisiones para que tenga un papel activo y reconocer el malestar emocional, son factores que contribuyen a la reducción de la morbilidad psicopatológica en pacientes oncológicos ( Butow et al., 2002).

Sin embargo, se debe precisar que la presencia de respuestas emocionales también depende de la capacidad del equipo para sacar a relucir las 'necesidades psicológicas' y responder consistentemente a estas, enfatizando la necesidad de sensibilizar al personal de salud ante el malestar que experimenta el paciente oncológico; de ahí la importancia de prestar atención a estas señales e interpretar las necesidades subyacentes a las reacciones emocionales provocadas por la enfermedad oncológica en sus diversas fases, así como en las fases del tratamiento. Trabajar desde una perspectiva biopsicosocial incluye dar la debida importancia a las variables psicológicas, sociales y biológicas que, interactuando entre sí, pueden contribuir al éxito de un tratamiento; al estar en estrecha interacción con estas variables, es necesario tanto informar al paciente sobre los aspectos médicos de la enfermedad como informarle sobre sentimientos, miedos y ansiedades comunes en el proceso oncológico, asegurando la oportunidad de ser seguido en un camino psicológico. El aspecto emocional de la enfermedad, especialmente si es fatal, es cada vez más importante y digno de ser monitoreado con el fin de garantizar una calidad de vida aceptable y satisfactoria vivida por el paciente, reafirmando que hoy en día estamos siendo testigos de una una crónica más frecuente de la enfermedad (Matarazzo, 1980) y una creciente necesidad de convivencia con ella.