Desórdenes alimenticios y nutricionales : El marco diagnóstico se realiza de forma ambulatoria y requiere que el paciente sea evaluado a nivel clínico, nutricional y psicológico. Se trata de condiciones clínicas con alta comorbilidad clínica y psiquiátrica que deben ser investigadas. Por tanto, la evaluación interna incluye la evaluación clínica: anamnésica, nutricional, comportamiento alimentario y gasto energético.

El exceso, la orgía de comida y el ayuno, no el forzado por el hambre, sino el que se impone a uno mismo con un acto de voluntad, siempre han aparecido en la mitología, la literatura, las artes figurativas, los ritos religiosos, las prácticas sociales.
(Cuzzolaro, 2014, p. 45).





La relación anómala con la alimentación y el cuerpo, aunque con diferentes nombres y criterios clínicos, ya se había advertido en la antigüedad y con ello en ocasiones la necesidad de clasificar la alteración para llegar a un diagnóstico.

Trastornos de la alimentación y la nutrición según DSM-5

yo trastornos de la alimentación ahora definido en la última edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM 5 ' Desórdenes alimenticios y nutricionales »Se dividen en seis categorías principales de diagnóstico:
– Pica.
- Mericismo.
- Trastorno de la alimentación por evitación / restrictiva.
- Anorexia nerviosa.
– Bulimia nervosa.
- Trastorno por atracón.



Además de las anteriores, se identifican dos categorías residuales:
nutrición o trastorno alimentario especificado : estos son casos subumbrales de anorexia, bulimia, trastorno por atracón, así como el trastorno con conductas de eliminación y síndrome de alimentación nocturna.
Trastorno alimentario o nutricional no especificado , es decir, un trastorno alimentario en el que falta información para especificar sus características.

La etiopatogenia de la nutrición y los trastornos dietéticos.

Los últimos veinte años se han caracterizado por un interés innegable y un considerable campo de investigación en este campo y ha dado lugar a importantes resultados en el manejo de estas complejas condiciones clínicas.
La etiopatogenia de trastornos nutricionales y alimentarios es multifactorial. Son el resultado de la interacción de factores predisponentes (genéticos, psicológicos, ambientales y socioculturales), factores precipitantes (dietas restrictivas y dificultades psicológicas personales) y factores de mantenimiento (síndrome de ayuno y refuerzo positivo del entorno).

cuando los niños golpean a sus padres

Anuncio En el nivel epidemiológico, un estudio estadounidense reciente realizado en una muestra muy grande de la población general encontró que la prevalencia de por vida de la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa es, respectivamente, de alrededor de 0,9% a 1,5%, en el género femenino. , mientras que en el varón los porcentajes son de 0,3 para anorexia y 0,5 para bulimia.



Se trata de condiciones clínicas altamente comórbidas con otros trastornos psiquiátricos, que afectan significativamente la calidad de vida y producen dificultades interpersonales, escolares, laborales y graves complicaciones físicas. Estos últimos pueden ser de naturaleza cardiocirculatoria, hematológica, inmune, endocrina, gastrointestinal, respiratoria, osteoesquelética, dermatológica, renal, hepática y neuromuscular.

yo trastornos nutricionales y alimentarios representan una de las causas más frecuentes de discapacidad juvenil y se asocian a un alto riesgo de mortalidad. La observación clínica suele estar precedida por una historia muy larga de enfermedad y esto complica enormemente el proceso de curación.

Cada vez estamos menos familiarizados con nosotros mismos y la gramática visual de nuestro tiempo nos empuja a ver el cuerpo y nuestra imagen como un objeto que nunca nos gusta lo suficiente, que puede y debe perfeccionarse.
(Dalla Ragione y Mencarelli, 2012, p.20).

Diagnóstico de trastornos nutricionales y alimentarios.

La pertinencia del diagnóstico y en consecuencia de un adecuado tratamiento se convierte en un objeto de interés, información y actualización esencial para quienes trabajan en el ámbito clínico.
En este sentido, hoy merece mucha atención la necesidad de integrar habilidades y promover diferentes habilidades para el proceso de evaluación diagnóstica temprana y para el tratamiento.

Como sostiene Paolo Santonastaso, esto se vuelve tan necesario cuanto más se reflexiona sobre la complejidad, la multifactorialidad etiológica, la cantidad de resistencias al cambio que conducen a la cronicidad de la enfermedad.
De esta manera, se posibilita un trabajo minucioso de manejo del trastorno en el que es posible dar respuestas a las necesidades del paciente, que se refieren a diferentes niveles.

El proceso de diagnóstico es un momento especialmente delicado en el que hay muchos aspectos a tener en cuenta. Si se realiza correctamente, el diagnóstico permite la exclusión de otras patologías que puedan tener efectos secundarios en la relación con los alimentos, como disfagia, espasmos esofágicos y pilóricos, dispepsia, patologías tumorales, enfermedades infecciosas, por consumo de sustancias y otras patologías psiquiátricas caracterizadas por hiperfagia o hipofagia. .

El marco diagnóstico se realiza de forma ambulatoria y requiere que el paciente sea evaluado a nivel clínico, nutricional y psicológico. Como se dijo anteriormente, se trata de condiciones clínicas con alta comorbilidad clínica y psiquiátrica que deben ser investigadas.
Por tanto, la evaluación interna incluye la evaluación clínica: anamnésica, nutricional, comportamiento alimentario y gasto energético.

Durante la evaluación clínico-anamnésica, se realiza una cuidadosa recolección anamnésica junto con el examen físico y la prescripción de una serie de pruebas que incluyen análisis de orina, hemograma completo, glucemia, la prueba de la función hepática, estructura lipídica, creatininemia, azotemia, IMC.

El estado nutricional en el que se encuentra el sujeto incluye el cálculo del IMC, el balance energético, que es la diferencia entre la cantidad de nutrientes introducidos y consumidos, la composición corporal, dividida en grasa y masa magra, la función corporal, que es la estimación de nutrientes introducidos en relación con su función.

En concreto, para la medición del balance energético en reposo se utiliza la calorimetría indirecta, examen que mide el oxígeno de un determinado volumen de aire inhalado y el dióxido de carbono producido. La evaluación de la composición corporal se puede realizar mediante el uso de antropometría, bioimpedancia y densiometría de rayos X doble. La primera proporciona una medida de masa corporal midiendo el grosor de los pliegues y circunferencias de la piel, la segunda mide el estado hidratación y electrolitos en el cuerpo. La densiometría, por otro lado, distingue la masa grasa, magra y ósea según sus propiedades de atenuación de rayos X.

El estado de la función corporal se puede investigar mediante un análisis preciso de los parámetros biológicos indicados anteriormente. Igualmente relevante es el análisis de la función motora en términos de resistencia y fuerza.

En el trastornos alimentarios se radicaliza el paso de los alimentos de valor de uso a valor de consumo, por lo que la comida se convierte en una herramienta, se pierde el sabor y se altera la sensorialidad
(Senador, 2013, p. 28).

yo Desórdenes alimenticios y nutricionales entre las enfermedades psiquiátricas tienen un alto riesgo de mortalidad con etiología cardiovascular, especialmente anorexia nerviosa. La evaluación del riesgo cardiovascular debe realizarse mediante exámenes instrumentales electrocardiográficos y ecocardiográficos adecuados. Sachs y col. (2015) sugieren que los cambios estructurales negativos en el miocardio podrían ser responsables de una mayor mortalidad. Las anomalías más frecuentes se refieren a cambios en el pericardio, cambios en los ventrículos, alteraciones de la conducción, bradicardia y arritmias malignas.

Anuncio Ante la presencia de cambios persistentes en los hábitos alimentarios y especialmente en el caso de la anorexia nerviosa, también nos encontramos ante cambios endocrinos importantes, que afectan a diferentes ejes y cuya gravedad suele estar relacionada con el grado de desnutrición. Como indican Madhusmita & Klibanski (2014) estos cambios involucran el eje hipotálamo-pituitario-gonadal causando amenorrea e hiposecreción de gonadotropina, folículo estimulante (FSH) y luteinizante (LH), el hipotálamo-pituitario- glándula suprarrenal y eje hipotálamo-hipófisis-tiroides. De hecho, se detectó hipersecreción de hormona liberadora de corticotropina (CRH), hormona adrenocorticotrópica (ACTH) y cortisol, así como hiposecreción de hormona liberadora de tirotropina (TRH) y hormona tirotrópica. (TSH). Otras alteraciones se refieren al aumento de los niveles de grelina y el péptido YY responsable de regular el hambre y la saciedad y los niveles bajos de leptina y adiponectina que contribuyen al hipogonadismo y la baja densidad ósea.

el instinto de narrar

Por tanto, se comprende la relevancia del uso de imágenes diagnósticas (investigaciones ecográficas y otras técnicas de imagen biomédica) para la evaluación del perfil endocrinológico.
A la luz de lo anterior, la valoración diagnóstica se centra no solo en la valoración clínico-nutricional sino también en el estado psicológico. Para ello, el clínico utiliza la entrevista y la evaluación psicodiagnóstica para investigar con precisión los hábitos alimentarios, la historia de peso, los síntomas psicológicos, las actitudes frente a la experiencia corporal.

De hecho, en el cuerpo hay una perfecta identidad entre ser y aparecer, y aceptar esta identidad es la primera condición del equilibrio.
(Galimberti, U, 2002, p. 292).

En concreto, se utilizan herramientas psicométricas, como entrevistas estructuradas y semiestructuradas. Los más conocidos y utilizados son:
Prueba de actitudes alimentarias (EAT).
Examen de trastornos alimentarios (EDE).
Entrevista clínica estructurada para DSM (SCID).

Para evaluar aspectos relacionados con la frecuencia y gravedad de síntomas, inquietudes, comportamientos, sensaciones y aspectos cognitivos asociados a la nutrición, es posible utilizar cuestionarios autoadministrados, por nombrar algunos: EDE-Q, Discapacidad Clínica Evaluación (CIA), Inventario de trastornos alimentarios (EDI), Prueba de malestar corporal (BUT), Prueba de actitudes corporales (BAT) y Escala de atracones (BES).
Al observar la alta comorbilidad psiquiátrica, también es apropiado emplear inventarios de personalidad para la investigación de otros síntomas psiquiátricos.

Conclusiones

Para concluir, las evaluaciones descritas anteriormente permiten identificar la presencia de indicadores somáticos y psíquicos de gravedad, informan del grado de deterioro del paciente y son necesarios para la posterior indicación de tratamiento.
La intervención inmediata y mediante un abordaje integrado es fundamental, a pesar de que existen muchas dificultades asociadas al diagnóstico precoz, ya que posibilita una atención adecuada al paciente y su familia, produciendo resultados favorables.