Estudios recientes sugieren que la velocidad de procesamiento de los estímulos acústicos en bebés de pocos meses estaría vinculada al desarrollo de las habilidades lingüísticas posteriores y, en particular, a los niños de familias con trastornos específicos del idioma (DSL) es trastornos específicos del aprendizaje (SLD) procesan los estímulos acústicos más lentamente que los niños de control.

Chiara Sebastiano, Roberta Pisani, ESTUDIOS COGNITIVOS DE ESCUELA ABIERTA MILÁN





Predecir las habilidades lingüísticas de los niños a partir del procesamiento temprano de sonidos.

Gracias al desarrollo de nuevos métodos de investigación, es posible estudiar patologías de forma cada vez más profunda y temprana. Dado que la plasticidad cerebral y la capacidad de 'recuperación' es máxima en los primeros años de vida del niño, la identificación temprana de marcadores de riesgo de patologías es cada vez más importante para poder realizar una prevención más eficaz. Estudios recientes sugieren que la velocidad de procesamiento de los estímulos acústicos en bebés de pocos meses estaría vinculada al desarrollo de las habilidades lingüísticas posteriores y, en particular, a los niños de familias con trastornos específicos del lenguaje (DSL) y los trastornos específicos del aprendizaje (SLD) procesan los estímulos acústicos más lentamente que los niños de control.

El desarrollo infantil consiste en un proceso gradual de aumento de las habilidades cognitivo-lingüísticas, socioemocionales y sensorio-motoras que están interconectadas. Este proceso está sometido a la influencia ambiental que, gracias a la plasticidad del sistema nervioso central, actúa sobre las condiciones biológicas individuales.



Lenguaje y etapas de adquisición

Anuncio los idioma La verbal es una importante capacidad cognitiva indispensable para comunicarse con los demás e íntimamente ligada a la forma en que pensamos y entendemos el mundo (Hoff, 2003; Saffran y Schwartz, 2003). los idioma es la facultad, peculiar y exclusiva del ser humano, de comunicar, expresar y representar a sí mismos y a los demás su realidad interior y la realidad exterior, mediante un lenguaje histórico-cultural, es decir, mediante un sistema de sonidos articulados insignias y mediante rótulos gráficos. El niño aprende a hablar en un período relativamente corto, en los primeros tres años de vida. Los infantes, desde los primeros meses de vida, se involucran en la construcción de las categorías fonémicas de su lengua materna, proceso que se completa al final del primer año de vida (Kuhl, 2004 citado en Cantiani, 2013). Por lo tanto, son capaces de discriminar entre diferentes categorías fonéticas, por ejemplo, oclusivas sonoras (b, d, g) de sordos (p, t, k); es una habilidad que, al no estar influenciada ni por la edad ni por la experiencia, solo puede derivar de una dote innata que, entre otras cosas, permite al niño reconocer el lenguaje hablado por otro tipo de sonidos, directamente desde el edad más tierna (Schaffer, 1984).

Durante el desarrollo de la adquisición del idioma , se reconocen cuatro etapas de desarrollo (Oller, 1980).

- La etapa fonatoria: va desde el nacimiento hasta los dos meses de edad y se caracteriza por la producción de sonidos casi vocales, reflejos de llanto y sonidos vegetativos (eructos, toses, degluciones).



- La etapa fonatoria primitiva: la mayoría de los niños pasan por un período -que va del segundo al cuarto mes- en el que se produce la producción secuencial de sonidos casi vocales y protoconsonantes.

núcleos de la base fisiológica

- La etapa de expansión: del cuarto al octavo mes, hay una serie más larga de sílabas, sonidos vocales y consonantes prolongadas. La aparición del balbuceo pertenece a esta fase, también llamada 'lalación' que es la producción de una secuencia de sílabas del tipo consonante-vocal que se repiten idénticas o que pueden variar, con una organización rítmica y temporal similar a la del habla adulta ( Oller, Wieman, Doyle y Ross, 1976).

- La etapa canónica: va de los cinco a los doce meses y representa la culminación del proceso de buena formación silábica, aparecen los primeros sonidos similares a palabras o protopalabras que adquieren un significado específico cuando se utilizan de manera consistente en determinados contextos (Ciceri, 2008) . La edad de aparición de las primeras palabras varía considerablemente, pero en general se sitúa entre los once y los trece meses de edad. En la fase inicial (alrededor de 12-16 meses), la amplitud del vocabulario es en promedio de 50 palabras; la siguiente fase (17-24 meses) se caracteriza por una mayor velocidad en la adquisición de nuevas palabras y puede tomar la forma de una explosión del vocabulario (Goldfield y Reznick, 1990), en esta fase la tasa de expansión es de 5 o más palabras nuevas (hasta 40) por semana, de modo que al final del período en cuestión el vocabulario general ronda las 300 palabras en promedio, pero puede llegar hasta las 600 palabras (Camaioni y Di Blasio, 2007).

El período crítico para la adquisición del idioma va desde los dos años hasta la pubertad: es posible aprender la lengua materna incluso después, pero de forma difícil e incompleta; de hecho, si los niños no están expuestos a idioma en períodos críticos, más tarde tendrán dificultades para superar esta deficiencia (Bortfeld y Whitehurst, 2001; Bruer, 2001; Newport, Bavelier y Neville, 2001).

Trastornos específicos del aprendizaje y del lenguaje

Las últimas investigaciones científicas resaltan cómo los primeros años de desarrollo son fundamentales para el bienestar futuro, también en el campo de la salud mental: desde esta perspectiva se vuelve crucial orientar la investigación hacia la identificación de 'marcadores de riesgo' neuropsicológicos y neurofisiológicos en el primer meses de vida de los recién nacidos (Cantiani et al., 2013). En particular, este artículo se centra en algunos proyectos de investigación desarrollados para destacar los marcadores neuropsicológicos y neurofisiológicos de TEA y Trastornos específicos del lenguaje , con importantes ventajas tanto en la identificación de factores de riesgo como, en consecuencia, en el desarrollo de programas de prevención efectivos para su aplicación en lactantes en riesgo. De hecho, gracias a la plasticidad cerebral de los niños en los primeros años de vida, cuanto antes sea la intervención, más eficaz será.

Yo DSA e i Trastornos específicos del lenguaje ambos se definen como “específicos” porque las dificultades a las que conducen no dependen de déficits sensoriales o neurológicos o discapacidades intelectuales. Además, como destaca ampliamente la literatura, con frecuencia se manifiestan en comorbilidades, y este fenómeno también se observa en la práctica clínica: alrededor de un tercio de los niños con Trastornos específicos del lenguaje desarrollar dislexia (trastorno específico del aprendizaje de la lectura) a partir de la escuela primaria (Catts et al., 2005.; Bishop y Snowling, 2004; Van Alphen et al., 2004; McArthur et al., 2000). Además, estos dos trastornos a menudo ocurren en varios miembros de la misma familia, lo que sugiere una etiología genética (Plomin y Kovas, 2005).
Los estudios epidemiológicos italianos revelan que, en la edad de desarrollo, yo Trastornos específicos del lenguaje tienen una prevalencia de alrededor del 5-6% (Fabrizi, Sechi, Levi; 1991), DSA de alrededor del 4% (Stella, 2003).

discapacidad por depresión bipolar

La perturbación del idioma se manifiesta con dificultades persistentes en la adquisición o uso de diferentes métodos de idioma (escrito, hablado, gestual) debido a deficiencias de comprensión o producción que incluyen: 1. Vocabulario reducido, 2. Estructuración limitada de oraciones, 3. Habilidades del habla deterioradas (DSM-5, APA, 2013).

El trastorno específico del aprendizaje, por otro lado, se manifiesta con dificultades en el aprendizaje y en el uso de las habilidades escolares, estas dificultades persisten durante al menos seis meses a pesar de la implementación de intervenciones específicas. La lectura (dislexia), la expresión escrita (disortografía) o el cálculo (discalculia) pueden verse comprometidas. En particular, la dislexia se refiere a un patrón de dificultades de aprendizaje caracterizado por problemas con el reconocimiento preciso o fluido de las palabras, con destrezas de descodificación u ortografía deficientes (DSM-5, APA, 2013).

Las causas de trastornos específicos del lenguaje y el aprendizaje.

Detrás del desarrollo de la idioma y del aprendizaje y sus trastornos, se destaca el efecto de diferentes genes en interacción con factores ambientales; estos últimos son esenciales para modular la expresión genética de los trastornos de idioma y aprendizaje (Plomin y Kovas, 2005).

Entre los factores ambientales descritos encontramos el estatus socioeconómico de la familia, la edad y educación de los padres, algunos eventos críticos en el período pre-perinatal como riesgo de aborto, tabaquismo materno en el embarazo, parto por cesárea, parto prematuro. / bajo peso al nacer.

También hay habilidades neurofisiológicas y neuropsicológicas básicas que subyacen a la adquisición y las dificultades de idioma Y aprendiendo; entre estos, el presente artículo se centra en las habilidades de procesamiento acústico.

Investigaciones recientes han demostrado que los adultos con trastornos del habla (Heath et al., 1999; Oram Cardy et al., 2005) y los niños en edad escolar (Tallal, 2004; MacArthur & Bishop, 2001) tienen dificultades para decodificar los estímulos auditivos en rápida sucesión. Por ejemplo, ha surgido un impedimento en la discriminación de sílabas sucesivas rápidamente (ver Tallal 1998 para una revisión); Además, estas dificultades también se han encontrado en la percepción de señales auditivas rápidas no lingüísticas que ocurren en decenas de milisegundos (Benasich y Tallal 2002). Esto sugiere la presencia de una anomalía básica en el procesamiento acústico de los sonidos (Lehongre et al. al., 2011), una habilidad que, por tanto, parecería jugar un papel crucial en la construcción de idioma (Choudhury y Benasich, 2011).

Citando Benasich e Tallal (2002)

Si los déficits de procesamiento encontrados en niños y adultos con trastornos específicos del lenguaje (DSL) preceder al desarrollo de un trastorno de la lectura o idioma (en lugar de derivarse de un mal uso del sistema fonológico), debería ser posible identificar estos déficits en la primera infancia examinando el umbral infantil de procesamiento acústico rápido y luego determinando prospectivamente la relación del umbral con la desarrollo del lenguaje posterior y su deterioro.

La herramienta de investigación más utilizada para investigar el procesamiento acústico es la de eventos potenciales correlacionados (ERP), medidos con electroencefalografía (EEG). El uso de esta técnica, al no ser invasiva, es óptima en recién nacidos con pocos meses de vida y permite medir el procesamiento acústico de forma pasiva. El paradigma utilizado en este tipo de estudios generalmente involucra a una muestra de bebés de tan solo unos meses de edad que están expuestos a una serie de estímulos acústicos en un paradigma bicho raro. Este paradigma proporciona estímulos estándar que se alternan con estímulos desviados que tienen el propósito de provocar potenciales evocados (ERP); de particular interés es el componente negativo llamado Respuesta de desajuste, que se provoca sin que el sujeto preste atención activa a los estímulos y proporciona una medida de las capacidades de discriminación acústica.

Benasich y Tallal (2002) realizaron un estudio longitudinal por primera vez para investigar si el procesamiento acústico en niños con pocos meses de vida (alrededor de 7,5) estaba relacionado con el desarrollo de habilidades lingüísticas posteriores. Los niños se dividieron en dos grupos: niños de control sin antecedentes familiares Trastornos específicos del lenguaje (FH-) y los niños de familias con antecedentes familiares de Trastornos específicos del lenguaje (FH +). Como esperaban los autores, los resultados mostraron que el umbral psicofisiológico en la prueba de procesamiento acústico no verbal se correlacionó con los resultados lingüísticos a los 24 meses: en general, se encontró que los niños con un umbral más alto (por lo tanto, un procesamiento acústico más lento) tenían posteriormente, resultados lingüísticos también más pobres. Además, los resultados también mostraron una diferencia significativa con respecto a los dos grupos de niños: niños nacidos en familias con antecedentes de Trastornos específicos del lenguaje tienen un umbral promedio más alto que los niños sin antecedentes familiares.

Anuncio Existen numerosos otros estudios que confirman la relación predictiva entre las habilidades de procesamiento acústico en lactantes de pocos meses de vida y familiarizados con Trastornos específicos del lenguaje y el desarrollo de habilidades lingüísticas posteriores (Benasich et al., 2006; Choudhury & Benasich, 2003; Choudhury & Benasich 2011) y familiaridad con la dislexia (Leppanen et al., 2010; van der Leij et al., 2013). La investigación también fue replicada por un estudio italiano de Cantiani y colegas (2016), que investiga además del procesamiento acústico de los cambios en la frecuencia de los estímulos, como en los estudios mencionados anteriormente, también los cambios en la duración (para los cuales, sin embargo, no se resultados).

El estudio mostró que los resultados en cuanto a frecuencia confirman lo surgido en estudios previos (Benasich et al., 2006; Choudhury & Benasich, 2011), aportando datos translingüísticos adicionales para apoyar la hipótesis; además, nuevamente de acuerdo con los resultados de investigaciones previas, se encontró que los niños con procesamiento más rápido y con una mayor amplitud de los potenciales evocados tienen una producción de palabras mayor a los 20 meses; finalmente se supo que el grupo de niños en riesgo de trastornos del habla y la lectura (FH +) muestran una menor amplitud de la onda de Respuesta Dispareja que los niños de control.

La dirección de estos estudios sugiere que el procesamiento acústico podría ser un endofenotipo subyacente de trastornos específicos del lenguaje y leyendo. La medición del umbral a través de la metodología EEG podría, por tanto, representar una herramienta válida para identificar un factor de riesgo temprano para el desarrollo de estos trastornos y por tanto permitir la implementación de intervenciones preventivas más oportunas y eficaces.