Cada vez es más frecuente que los trabajadores de la salud sean víctimas de conductas agresivas, por lo que las técnicas de prevención y protección se están extendiendo. Pero, ¿cómo pasamos de hacernos cargo a aprender tácticas y técnicas de combate para defendernos del paciente y familiares?

Anuncio La relación paciente-cuidador siempre ha estado en el centro del trabajo de los profesionales de la salud desde la época de Esculapio en adelante. En los últimos tiempos, si por un lado quienes se ocupan de la bioética repiten que la relación asistencial debe volver a situarse en el centro de la relación médico-paciente, por otro lado, cada vez se denuncian más conductas agresivo que conciernen a los profesionales sanitarios, los pacientes y sus familias Las estadísticas nos dicen que los pacientes más agresivos padecen enfermedades neurológicas ( demencias , Alzheimer , etc.), adiccion de sustancias psicotrópicas y, en menor porcentaje, de trastornos psiquiátricos.





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El Ministerio de Sanidad y las Regiones han emitido, cada uno por sus propias competencias, una serie de normas para el seguimiento de estos fenómenos y en las Autoridades Sanitarias Locales existen servicios encargados de la prevención y protección a los que se reportan eventos centinela y adversos.

Para prevenir, es necesario preparar medidas estructurales, organizativas y tecnológicas para evitar que ocurran los fenómenos, mientras que las medidas de protección tienen el objetivo de no permitir, una vez ocurridos, que las consecuencias sean excesivamente perjudiciales para la integridad física y psíquico del ofendido.



Me gustaría señalar que ya al escribir estas pocas líneas parece describir un contexto que parece más un campo de batalla que un entorno donde se debe cuidar la salud de una persona. Ahora estamos hablando de medicina defensiva y los términos que se utilizan son significantes de un sistema curativo que se connota cada vez más como un terreno de intereses opuestos y conflictivos.

De nada sirve hablar de la persona en el centro de los procesos de atención si las instituciones a cargo no logran hacer efectivos los derechos que garantizan las leyes. El sistema de competencia administrado previsto por la legislación vigente está restringiendo la intervención pública y ampliando el sector privado acreditado y afiliado.

Son muchas las causas que hacen cada vez más complejo garantizar el estado del bienestar y sería largo, controvertido y poco interesante entrar en esta reflexión teniendo en cuenta la enorme literatura sobre el tema ya presente.



Más interesante es, en cambio, insistir en la paradoja que estamos presenciando para descubrirla y desenmascararla.

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Trabajando en el Sistema Nacional de Salud, recientemente asistí a un curso de capacitación sobre comportamiento agresivo. Además de la ilustración de los numerosos formularios que deben cumplimentarse para cumplir con los requisitos legales y los métodos de desescalada y tranquilización rápida (TR), las tácticas y técnicas de defensa personal fueron ilustradas por un maestro de Artes Marciales Mixtas (MMA). No sé si alguien ha visto alguna vez esas peleas que tienen lugar dentro de una jaula sin restricciones en la televisión, sí, esas técnicas.

quien dijo dame una palanca y levantaré el mundo

Anuncio Naturalmente los formadores nos han advertido que de antemano es necesario implementar técnicas de desescalamiento y la respuesta debe ser proporcionada a la infracción, por lo que los golpes que puedan interrumpir el ciclo de vida deben lanzarse solo si el operador se encuentra en presencia de una amenaza de vida, pero sin embargo salí aturdido, como si realmente hubiera recibido uno de esos golpes.

Cómo llegamos a este punto? ¿Cómo pasamos de hacernos cargo del paciente -y me viene a la mente esa hermosa imagen de Eneas cargando a Anquises en hombros- a aprender tácticas y técnicas de combate para defenderse del paciente y familiares?

El odio generalizado, la violencia de nuestra sociedad, la ira de quienes experimentan continuas frustraciones por la falta de respuestas a sus necesidades, la necesidad de defender sus derechos que van perdiendo garantías y protecciones, expectativas cada vez mayores, la ilusión de saber más que quienes tienen una experiencia adquirida durante muchos años de estudios y actividades en el campo, la incapacidad de las instituciones para responder debido a la escasez de recursos disponibles.

Quizás todo esto y más, pero, sean cuales sean los motivos, es necesario reflexionar sobre lo que está pasando para asegurarnos de que podemos salir de la 'jaula' y volver al tratamiento sin necesidad de ir al gimnasio a aprender técnicas de autodefensa. y para ello es necesario restablecer un pacto entre el Estado y los ciudadanos basado en lo factible y alcanzable sin caer en falsas ilusiones o promesas efímeras con la obligación de ambas partes de respetar lo pactado.

Esta no es la única forma de solucionar el problema que presenta tal complejidad que requiere intervenciones en varias direcciones, pero este ya sería un primer paso para evitar el disparo de golpes prohibidos por ambos lados en los establecimientos de salud que quedan. lugares de tratamiento y no de combate.