En los primeros meses de vida y también en los primeros años, la relación madre-hijo es el factor psicológico que más fácilmente se somete a una intervención terapéutica y profiláctica y, por tanto, merece ser estudiado de forma asidua y con especial atención (Spitz, 1973).

Anuncio En el momento posterior al nacimiento, el recién nacido hace el primer intento de adaptarse a un entorno diferente y menos protegido apoyado en la función de cuidador que forma parte del patrimonio de todas las especies. Su predisposición innata a entablar relación con quienes lo cuidan es independiente de que le proporcionen alimento y nutrición. En este período es el apoyo que le dan al yo los cuidados maternos lo que le permite al bebé vivir y desarrollarse, aunque aún no es capaz de sentirse responsable de lo bueno y malo del entorno y de controlarlo (Winnicot, 1970). ).





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La investigación realizada en el campo psicoanalítico sobre la importancia de las relaciones familiares para el desarrollo del individuo ha indicado la consulta terapéutica, una perspectiva de salud para toda la unidad familiar, favoreciendo el abandono de una consulta exclusiva sobre la primera infancia. Los principales propósitos de tal compromiso eran promover la mejora de las habilidades parentales y el potencial de desarrollo del niño.

El trabajo pionero de la psicoanalista Selma Fraiberg en este campo de estudio es el fruto de años de experiencia clínica con familias para sacar a la luz ansiedades remotas y su influencia en las relaciones familiares.



Los fantasmas de los que habla el autor,intrusos pasados ​​que se han instalado en la guardería,constituyen la herencia psicológica de una tragedia familiar destinada a repetirse por generaciones, cuya identificación ha abierto el camino a la comprensión de la repetición del pasado en el presente. Una investigación que con acogida, atención y silencio permite el surgimiento de horrores reprimidos que atan a padres, hijos y nietos en una perversa espiral de sufrimiento. Un pasado de secretos familiares, promiscuidad, crimen, negligencia, abuso infantil, negligencia, desorden e incluso psicosis une a dos mujeres, la Sra. March y Annie, y las relaciones problemáticas con sus hijos, María y Greg.

El comportamiento de los niños, que llegaron muy pequeños para la observación, con solo cinco y tres meses respectivamente, estuvo mayormente permeado por una defensa muy fuerte contra el cuidador, la evitación. Pocas o nulas miradas, sonrisas o vocalizaciones, o intentos de volver la cabeza hacia la madre o de buscarla en momentos de angustia o malestar. Casi un deterioro profundo del canal auditivo y visual empeoró en el caso de Greg también por desnutrición.

En ausencia de modelos de tratamiento disponibles, el compromiso de Fraiberg y sus colaboradores fue desarrollar un programa de salud mental infantil mediante la introducción gradual de métodos en el curso de la actividad clínica. El uso de la transferencia, la repetición del pasado en el presente y la interpretación fueron el centro de la psicoterapia psicoanalítica utilizada, acompañada de observaciones del desarrollo del niño y la capacidad de respuesta de la conducta materna.



La respuesta a la pregunta clínica que involucra a las madres con una dificultad anormal para escuchar los gritos desgarradores de los bebés proviene de la historia de los propios padres, atestados de fantasmas.

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El individuo tomado individualmente no utiliza todos los posibles mecanismos de defensa, sino que se limita a seleccionar algunos de ellos, pero estos se fijan en su yo, se convierten en modos habituales de reacción de su carácter que se repiten a lo largo de toda su existencia cada vez que se presenta. situación análoga a la original (Freud, 1937).

La Sra. March fue a su vez una niña abandonada por una madre que había padecido psicosis posparto, criada primero por una tía y luego por su abuela en una situación de pobreza y promiscuidad. Es una madre cuyo llanto no se ha escuchado, cuyo dolor insoportable se ha cortado, dejando espacio para una mirada vacía y desesperada, justo lo que traslucía en los ojos de la pequeña Marie. La revelación de sus viejos sentimientos cuando era niña había llegado a través del trabajo terapéutico, así como el alivio de poder llorar y sentir el consuelo y la comprensión de su terapeuta. Escuchar los gritos de la madre había permitido escuchar los de su hijo, desencadenando una serie de cambios positivos en la relación diádica con intercambios de ternura y atención.

Anuncio El sufrimiento de Annie, una madre adolescente que alterna episodios de ira con estados de ánimo extremadamente deprimidos, también había comprometido su capacidad para cuidar a su bebé Greg. Annie había sido abandonada por su madre y golpeada por su desobediencia trivial por su padrastro alcohólico. Un miedo intenso a que impulsos sádicos y destructivos pudieran llevarla a golpear y matar a su bebé, tal como lo hizo su padrastro con ella, la obligó a evitar el contacto con el bebé. También en este caso, la cercanía consciente con experiencias emocionales de enfado, miedo, tristeza y abandono, le permitió separarse de la identificación con el agresor en el lugar, a favor de acercarse a su hijo. Los avances lograron erradicar primero la evitación, luego una extraña sonrisa que el niño mostró a sus comportamientos agresivos, los mismos que había usado para tolerar afectos dolorosos.

Un examen profundo de la dinámica relacional disfuncional, la atribución de significado a conductas destructivas o con poca respuesta, sentir las propias emociones, puede representar un dispositivo de primera elección para las nuevas generaciones de padres. Acoger concretamente el nacimiento de un niño pasa por reexaminar el mundo interior, las figuras, las relaciones, las emociones, las vivencias que lo han definido y el tratamiento de los sufrimientos ancestrales para abrirse a este pasaje con plena madurez.

Convertirse en padre se convierte así en una tarea compleja de gestionar, en la que se revelan aspectos concretos y fantasmáticos que se transmiten de padres a hijos y en los que es fundamental lograr la curación del cuidador para el óptimo funcionamiento de toda la familia.

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BIBLIOGRAFÍA: